.instant.á.neos.

.

 

..

.

De tanto asistir a la deformación

de mis huesos en la espera,

a veces,  sin saberlo,

me doy en genocidio silencioso,

me abro en barricada.

 ..

/ el miedo es un animal de uñas incansables.

.

.

.  . . .  * * *

.

La claridad diáfana que arrastra la lluvia.

. . . . . . . . y tu cuerpo alojándose en todas las cosas,

. . . . . . . . como si estuvieras en la luz,  mirándome

. . . . . . . .  desde la luz.

 .

/ el día es una lenta plaga llena de ti

.

.

 

.

foto: bárbara.butragueño (retiro. charco 2009. comefruta.)

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5 thoughts on “.instant.á.neos.

  1. Batania

    Te contesto aquí a los dos (tres). Los títulos aminusculados y con puntitos no me gustan. Los comentarios con puntitos que vas dejando por los blogs tampoco. No me gusta, cambiando de tercio, que tardes tanto tiempo en recitar el primer verso cuando te acercas al micrófono: me parece bien que lo hagas en el primer poema, porque creas una tensión magnífica, pero hacerlo también en el segundo no me va: una sola décima más y hubieras entrado en el terreno de la tontería. Un palo más (cómo he empezado, dios mío): “escribir es vomitar conejitos blancos”. Bah. ¿Conejitos blancos? Créeme, Bárbara: tú nunca has vomitado conejos blancos, mucho menos conej-it-os. Lo que tú vomitas son gatos muertos, excavadoras gripadas, gorriones tísicos. Qué manera de estropear la mejor arte poética del libro (la estropeas porque da la impresión de que eres una poeta que escribe con las uñas pintadas).

    No creo que tu poesía se vaya a resolver en los siete segundos que tardas en decir el primer verso en los recitales o en los puntitos y las minúsculas o los conejos blancos: creo que sigues atrapada a veces (sólo a veces, ojo) en la belleza y en la peor acepción de la belleza, la que tú denunciabas en el Rafael Alberti: la puramente estética. Tu poesía, si finalmente consigue ser (estoy seguro), será porque da una versión original sobre los conceptos de culpa y responsabilidad, sobre los orígenes genéticos, psicológicos o aristocráticos de tu inadaptación, sobre si el conocimiento de uno mismo se puede hacer desde la movilidad o el estatismo, temas que ya están presentes en tu poesía y que deberían venir acompañados de mejoras y abundamientos en las palabras símbolo que has utilizado desde siempre, como el viento, la lluvia, el fuego, la luz, el vientre, el cuerpo, los círculos. De estos símbolos sólo hay uno que ya manejas con una superioridad insultante: el cuerpo. Cada vez que leo la palabra cuerpo o su ahijada vientre en tus poemas, no sé lo que pasa, pero pasa algo (nadie consigue darle a esa palabra la potencia y hacia-todas-partes que tú le das)

    En fin. Voy con la buenas noticias, que son casi todas. La primera, que ya no quiero que me des tus poemas antiguos, porque ya me voy dando cuenta de que no son antiguos: son viejos. Es increíble lo que estás mejorando. Creo, incluso, que el nivel de los poemas que incluyes en Poesía Capital no son ni la sombra del nivel que tienes ahora. Hasta el del número tres también se me ha caído al suelo.

    Sobre estos tres poemas: me gustan mucho, aunque el recetario sobresale. La última parte, sobre todo. No me creo la introducción que haces, la mirada distraída, las manos teclean la rutina, indiferentes… Bah. Aún tengo en los oídos los gritos de la ballena, BB, imposible que eso se pueda escribir mientras se mira por la ventana, no da sensación de escritura rutinaria sino sufriente, consciente. Quizá sea yo el equivocado y está buscada esa rutina-que-al-final-no-es-rutina. No me hagas caso. Por otra parte, la factura del poema es buenísima, bellísima, lo considero un hijo aventajado del “Nunca nadie me enseñó a llorar”, que también me pareció un gran logro. Muy bueno.

    Estos instantáneos también me gustan, aunque no veo la claridad diáfana del agua. El genocidio sí lo veo, me parece un hallazgo que puedes utilizar en adelante, matar los centenares de bárbaras que llevas.

    Abrazos. Ya me estoy arrepintiendo de haber escrito los primeros párrafos. Léelos como manías de neorrabioso. Lo que hiciste en el PIPO fue es-pec-ta-cu-lar. Creo que esos dos poemas, con sus segundos de más y todo (aunque te comprendo y sé que estoy siendo injusto, porque eran un trago, el de la madre sobre todo), fueron lo más intenso que has leído nunca, con unos crescendos sensacionales. Te saliste y motivaste a los otros poetas, que en la segunda fase se pusieron las pilas (esto no lo digo yo; me lo han dicho otros).

    Me pareces aniquilante tanto en la lectura como en la recitación. Como si hubiera más conflicto, más problema en tu poesía.

    Abrazos móviles, movibles. Retiro las cosas malas que he dicho y me reafirmo en las buenas. No vale contestar con insultos. Es que… ¡lo de los puntitos se lo he visto a Cortázar, y te da una apariencia naif que no va para nada con la poeta-hélice, carnívora, que tengo en mi mente!

    Hasta pronto.

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  2. Batania

    Vuelvo a los poemas porque, de verdad, me preocupa esta manera mía de empezar comentando y abandonarme a afluentes que no tienen nada que ver con lo que has publicado.

    Me ciño. A recetario, que me parece muy bueno.

    En la lectura de ahora ya no me parece que sea el hijo de “Nunca nadie me enseñó a llorar”. Por la factura sí, por la belleza de sus imágenes, pero este es mucho más sosegado, donde la protagonista me parece más de acuerdo consigo misma. Como si el poema de la madre le hubiera liberado de un peso a la protagonista y le hubiera puesto, por primera vez, de acuerdo. Quizá tenga sentido la apreciación primera, pero sigo sin ver la mirada rutinaria (resignada quizá sí).

    Me encanta la descripción del otro que se adivina en este poema. Da la sensación de dulzura (dices dulce, de hecho), no de peligro, no de conflicto.

    El final es genial. Te lucirás recitándolo, seguro. Un crescendo increíble. El enjambre, el canto de la ballena, joder. Lo único, ya digo, es que coge una temperatura muy grande, parece escrita con verdadero temblor, y pone en duda la introducción primera.

    Abrazos con sinalefa. Me voy a imponer un plan a la hora de comentarte, porque me vuelvo invertebrado enseguida.

    Hasta pronto.

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  3. chincheta Post author

    Copio las partes más impersonales de mi explicación, por si a alguien le interesan los porqués.
    Bien pensado, resulta sectario que Batania me pida en público y yo le dé en privado. No quiero despreciar a nadie.

    Los segundos que me tomo antes de leer.
    No puedo darme si no me introduzco del todo en mí.
    Es como si hubiera una melodía sonando y tuviese que esperar al segundo exacto en que la música se relaja y entonces cabe mi cuerpo.
    Si leyera sin más, sin vacilación, leería mal, no podría creérmelo.
    Puede parecer que lo hago para que los demás guarden silencio, pero si te das cuenta, lo hago cuando los demás ya están callados aunque corra el peligro de que se cansen y rompan mi silencio y el suyo y comiencen a hablar por puro hastío.
    No puedo evitarlo. Tengo que ponerme mi piel, prepararme para contarme, para decirlo con verdad.
    Y sólo a través del silencio (que me relaja) lo consigo.

    Conejitos blancos.
    No es arbitrario. Es una interpretación personal de un texto ajeno que adoro. Para mí esos conejitos blancos son algo más que simples conejitos. Son mis poemas.
    Escribir es parir con dolor y devoción (y un instinto maternal de destrucción).
    Escribir es un exorcismo inevitable.
    Por eso, la palabra conejito no es arbitraria. En mi cuerpo, si tuviera que ser un animal, optaría por los pájaros, puede. Pero me gusta hacer pequeños homenajes a quien me lo da todo sin pedir nada.

    Tercero. Los puntos.
    Me encanta escribir así. No puedo evitarlo.
    Juraría no haberlo visto en ningún lugar (menos en cortázar), pero mi memoria puede fallar y quizá, quién sabe.
    Los puntos remarcan, dan velocidad o pausan una escritura estática, una palabra que cae y se encierra en los cajones y se llena de naftalina en la pantalla del ordenador.
    Sin ritmo no hay música. Y encontrarle ritmo a dos palabras (por ejemplo: acabo de escribirte en el blog: .me.encanta.), es complicado. Y más aún desde una pantalla aséptica y fría(en mis poemarios nunca he incluido puntos porque no hacen falta, el papel late por sí solo).
    Introduzco mi ritmo con puntos. Marco las corcheas y construyo pentagramas donde apenas hay espacio para cuatro sílabas.
    Es mi forma de decirme. Aquí.

    Poemas.
    Mis poemas actuales son lo que soy en este momento, y lo que soy en este momento es lo que soy. Lo demás es paja.
    Me alegra mucho que digas eso. Lo comparto.
    Repudio mis poemas de Poesía Capital. Hay uno en concreto que lo quemaría una y otra vez (el de odio la materia). Me siento más libre con lo que escribo ahora.
    Allí, entonces, tanto sustantivo, tanta pesadez.
    Cuando los leo me siento como un hombre con cemento en los bolsillos.

    Instantáneos.
    Se llaman así porque salieron solos, sin pensar, escritos en quince segundos. De ahí la falta de calidad. Galopante.

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  4. campanilla

    Madre mía. Bárbara, acabo de flipar.
    Razones:
    – Me ha encantado, el poema. Me parece buenísimo. No se decirlo de otro modo.
    – Empiezo a atar cabos: chincheta… de qué me suena…
    – Bárbara… Espera un momento.. Chincheta. Fotografía del retiro…
    – Entonces, caigo en la cuenta de que eres tú, de que hace siglos que no te veo, de que… lo último que se de ti, es ésto, esta maravilla de poema, y tú detrás, supongo que algo cambiada… hace tanto tiempo ya. Estoy como en shock: y me alegra tanto saber de ti.
    Un abrazo.
    Elena.

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