beati pauperes spiritu

 

bárbarabutragueño2009

 

[…] porque la mano de mi Dios me tocó,

porque me ha dicho que cantara:

por eso canto.

DÁMASO ALONSO

 

 

 

 

Hace tiempo que Dios no me pide que cante.

Hace tiempo que no escucho a Dios.

El fluido, la masa compacta que unía su voz con la mía

se ha ido licuando,

minuto a minuto,

y ahora apenas nos separa

un fino hilo de líquido negruzco,

un tedioso cordel de estaño roído.

 

Cada día me cruzo con personas,

me cruzo con sus cuerpos,

con sus miradas bajas,

y yo sé que ellas saben

que hace ya tiempo

que Dios no me habla,

que hace ya tiempo que Dios

no me pide que cante.

 

Yo sé que ellas saben,

con absoluta certeza,

que orar se me antoja ya

un triste soliloquio de voz mullida

y cuerpo tendido sobre la cama

como un puñado de ropa vieja.

 

Y yo sé que ellas saben

que la voz se me ha ido combando

como una rama mojada

hasta quebrárseme,

como si la muerte fuese

un pesado pájaro parduzco

que cada mañana, a la hora punta,

viene a posarse

sobre un extremo de mí,

contemplativo y arrogante,

para astillarme la voz y la herida.

 

Los niños juegan a mí alrededor

haciendo girar el mundo

y no saben que el mal y el bien,

la muerte y la suerte

son piedras casi idénticas,

guijarros relucientes

que yacen en el paladar del río

esperando que alguien los arroje.

Obsidianas tan bellas,

tan hondas e insondables,

que al mirarlas uno siente

como si estrechara con vehemencia

el pecho roto de la vida.

 

Y ahora este silencio abisal avanza

cubriendo los objetos con su espuma turbia

como si el final del mundo se acercase.

Y aquí estoy yo,

respirando dificultosamente,

paralizada de horror al advertir

el vacío interminable de mi pecho que,

en creciente bullir,

me ha arrinconado el corazón

en la garganta.

 

 

Hoy me tumbaré en la cama,

tenderé mi pecho tuberoso y su vacío

y volveré,

inopinadamente,

a hablar a Dios.

 

Me tenderé a esperar

el calor opaco y sordo,

como de fieltro rozando,

de la certeza.

Y volveré a preguntar

para qué.

Para qué, Dios, la bondad,

para qué, Dios, la fe,

para qué, Dios, la vida.

 

Para qué, si los hombres

de sangre ennegrecida y corazón vidrioso

caminan por la tierra más erguidos

y más ufanos,

rosados y refulgentes

como bebés de parto suave.

 

Y nosotros,

con la piel tensa y amoratada

y el andar torcido,

expectoramos con fuerza

la vida y sus preguntas,

y nadie, nadie nunca

nos responde.

 

 

 

 

foto: bárbarabutragueño oviedo2009

5 thoughts on “beati pauperes spiritu

    1. chincheta Post author

      Coincido contigo, Arantxa. Dios se ha convertido en un tema tabú. Me enfrenté a esa sensación escribiéndolo y me rebelé, de algún modo, contra ello. Me alegran tus palabras.
      Un abrazo a todos
      B.

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      Reply

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